Cine Terror
El odio crea monstruos

Cromosoma 3

O el éxito de la "psicoplásmica"
José Moscardó
07:00h Jueves, 20 de noviembre de 2008
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Cromosoma 3 (The brood, 1979) fue el tercer largometraje dirigido por David Cronenberg y hasta cierto punto marcó una inflexión en su carrera. Tanto Vinieron de dentro de… (Shivers, 1975) como Rabia (Rabid, 1977) habían sido producciones independientes de muy bajo presupuesto, pero obtuvieron buenos resultados comerciales y, lo que es más importante, contribuyeron a que el nombre de Cronenberg empezara a ser tenido en cuenta como algo más que el de un joven y prometedor cineasta. Esto hizo posible contar con un capital de un millón de dólares para el rodaje de su siguiente filme y un reparto encabezado por cotizadas estrellas del cine de la época: los ingleses Oliver Reed y Samantha Eggar. (Marilyn Chambers, protagonista de Rabia, había sido hasta entonces la única presencia conocida en una película de Cronenberg, aunque no hay que olvidar que su fama se limitaba a un género, el porno, vetado en los circuitos convencionales de exhibición.)

Oliver Reed (excelente en su ambiguo papel) interpreta al psiquiatra Hal Raglan, creador de una nueva forma de terapia que ha bautizado como “psicoplásmica”. Raglan posee una especie de casa-sanatorio aislada en el campo, en la que atiende personalmente a sus pacientes con la ayuda de un joven enfermero que hace las veces de secretario. Entre esos pacientes destaca Nola Carveth (Samantha Eggar), una mujer profundamente desequilibrada debido a los malos tratos que recibió de su madre durante la infancia. Los fines de semana Nola recibe las visitas de su pequeña hija, Candice (Cindy Hinds), pero un día su ex marido, Frank Carveth (el canadiense Art Hindle, verdadero protagonista de la película), descubre unas cicatrices en la espalda de la niña e inmediatamente sospecha que las heridas han sido infligidas por Nola. Furioso, visita al doctor Raglan para decirle que Candice ya no verá más a su madre, pero Raglan rechaza la idea alegando que Nola se encuentra en un punto muy crítico de su terapia.


La peculiar terapia del enigmático doctor Raglan consiste en que el propio terapeuta asume los papeles de las personas hacia las que el paciente proyecta sus odios. A través de sus sesiones con Nola descubrimos detalles importantes del pasado de ésta, aunque Cronenberg (también guionista) siembra la duda sobre la autenticidad de sus palabras: los padres de Nola, también divorciados, parecen buenas personas pero es evidente, tanto por su común alcoholismo como por ciertas palabras o actitudes, que el pasado pesa como una losa en sus vidas. ¿Significa esto que Nola dice la verdad y su madre la maltrataba mientras su padre no hacía nada para impedirlo? ¿O ésa fue sólo la visión de su mente enajenada y sus acusaciones destruyeron el matrimonio de sus padres, como después el suyo propio?

La aparición de unos niños asesinos de rostro deforme y carentes de ombligo y genitales, añade al terror psicológico de Cromosoma 3 ese elemento de repulsión física tan característico del cine de David Cronenberg, creador de un extraño y sórdido universo que el cineasta utiliza como medio de expresión de sus personales obsesiones sobre el sexo, la enfermedad, la degradación física y moral, la locura, la violencia y la muerte (obsesiones en las que tiene mucho que ver el trauma que le causó la enfermedad degenerativa de su padre). Como Vinieron de dentro de… o Scanners, por citar los títulos más célebres de su temprana filmografía, Cromosoma 3 tiene una escena particularmente perturbadora que el director reserva para los minutos cercanos al desenlace y que podría considerarse como la representación gráfica del mensaje que Cronenberg pretende transmitir.

Un filme interesante, con una estética fría no exenta de sordidez y una premisa original e inquietante que se vale de los recursos del cine de terror para ofrecer una metáfora de la irracionalidad humana y la más negativa de sus manifestaciones: el odio. Una obra, también, de marcado carácter autobiográfico, que le sirvió a su autor (en aquel entonces en conflicto con su ex mujer por la custodia de su hija) para exorcizar más de un demonio personal.

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