ReinosLibres.com

Cine Ciencia Ficción
As Queer as a Clockwork "Ourang"

La Naranja Mecánica

Lord Reinberg
07:00h Lunes, 18 de agosto de 2008
0

La Utopía y el género Cyberpunk se cruzan muchísimas veces en el cine y en la ficción literaria. Tal es el caso de Akira, la película de animación japonesa e historieta que reflexiona sobre las catástrofes nucleares bajo una máscara de historia sobrenatural con niños con poderes psíquicos. O también la tan afamada Blade Runner, película de Ridley Scot y basada en una novela de Philip K. Dick, que nos muestra un futuro oscuro en donde nos deja entre la espada y la pared, sin saber si debemos estar a favor o en contra del avance tecnológico.

En 1962, el famoso escritor y músico inglés Anthony Burgess, publicó la novela que lo colocaría en la historia: La Naranja Mecánica. Ésta obra podría catalogarse de esta manera: Fahrenheit 451 vs. Akira. Ya que justamente los dos temas principales en esta novela son la represión y la ultraviolencia.
La Historia nos ubica en un futuro bastante normal, no veremos autos voladores ni androides (lo cual es más perturbador, porque es un futuro cercano), en que la juventud perdió las pocas ataduras que tenían. Las drogas son de lo más normal, los jóvenes se juntan en bares de “leche-plus”, el plus es por las drogas que contiene esa bebida.

Siempre, la juventud tiene su propio lenguaje, su manera de hablar, su jerga, que va de acuerdo a sus costumbres, que generalmente están muy alejadas a las de los adultos. Burgess, que es un genio de los idiomas, comparable con Tolkien, realizó para La Naranja Mecánica una jerga complicadísima para los jóvenes, incluyendo palabras tomadas de idiomas como el rumano o del ruso. Es literalmente imposible leer la novela sin abrir cada 5 minutos el glosario nadsat (adolecente, en su propia jerga) que trae al final del libro.



La historia nos cuenta sobre Alexander DeLarge, un chico de unos quince años dedicado de lleno a la ultraviolencia, a las drogas y el sexo desenfrenado. Lidera una pandilla: sus “Drugos” (amigos, en su jerga) son Pete, Dim y Georgie. Juntos, en una noche salvaje entran en una casa (pidiendo ayuda por un supuesto accidente) y golpean al dueño de casa de la manera más violenta al ritmo de Singing in the Rain, mientras sujetan y violan a su esposa repetidas veces. Noches después, en un intento de realizar el mismo truco, Alex entra en la casa de una mujer amante de los gatos y termina matándola golpeándola en la cabeza con una escultura fálica. Cuando sale de la casa, sus amigos lo traicionan, porque no soportan su despotismo en el grupo y lo golpean dejándole tirado en la calle a merced de la policía.

Alex terminó en la cárcel. Allí nadie lo llamaría por su nombre, ahora era el interno 655321. El maltrato carcelario era terrible, terminó matando a un de sus compañeros, que quiso violarlo. Lo único bueno en la cárcel era la Biblia. Se dedicó a la lectura constante de la Biblia. Pero con un sentido algo distorsionado, Alex se regodeaba de la sangre. Leía el castigo de Cristo, y la procesión a la cruz, imaginándose como uno de los romanos pegándole con un látigo, dejando cortes en su piel.

Finalmente a Alex se le hizo una propuesta, en lugar de pasar años en la cárcel, podía someterse a un nuevo proyecto carcelario llamado el Tratamiento Ludovico. No tenía idea de qué iba a pasarle en el tratamiento, pero cuando le dijeron que podía estar en la calle en pocos días, y completamente reformado, acepto sin pensarlo dos veces. El tratamiento constaba en unas inyecciones todas las mañanas y una sesión de 4 o 5 horas en una sala de cine. Se lo ataba a una silla, con camisa de fuerza, y con electrodos que medían todo lo que sentía, debía tener un casco con unas pinzas que lo mantenía con los ojos abiertos y mirando al frente.

Sus ojos no podían salir de la pantalla. Un hombre a su lado humedecía sus ojos para que no tuviera la necesidad de pestañar, aunque no podía, pos las pinzas. Las películas mostraban escenas de violaciones, asesinatos, violencia sin límites.

Al principio Alex veía las cintas emocionado y contento, la sangre, de un rojo vivo más fuerte en la pantalla que en la realidad lo revivía. Pero esto no duró mucho, pronto las imágenes comenzaron a afectarlo. Empezó a sentirse asqueado, y horrorizado. Sentía unas nauseas constantes. Pero lo peor llegó después. Cuando en la pantalla aparecieron las imágenes del holocausto, los campos de exterminio, las tropas nazis alzando la mano estirada saludando a su terrible líder. Pero las imágenes no lo afectaron sino la música. La novena sinfonía de Beethoven, el himno de la alegría, que él amaba más allá de cualquier cosa. Que utilizaran esa música para aquellas imágenes lo quebró y destruyó todo lo que quería y sentía.

Así es como quebraron el libre albedrío y voluntad de Alexander DeLarge. Después de esto, cada vez que tuviera algún impulso violento o sexual reviviría esa terrible sensación de muerte, náuseas y terror. Luego de dos años de estar encerrado, en dos semanas Alex estaba con los pies en la calle, “libre”. No pasó mucho tiempo hasta que se encontrara con las personas a quienes había atacado, y esta vez fue golpeado sin poder defenderse, el peor golpe igual fue ver a sus “drugos” como policías antidisturbios, que también lo maltrataron.

Vagó mareado y golpeado durante horas hasta toparse con una puerta. Entró y fue ayudado. Estaba en una hermosa casa, le dieron ropa, comida y pudo bañarse, y curarse. Pero cuando tuvo plena conciencia se dio cuenta donde estaba. En la casa del hombre a quien habían golpeado brutalmente, y a cuya mujer habían violado, allí estaba él en una silla de ruedas, pero sin reconocerlo. Pero el hombre quería ayudarlo, era de un grupo político a favor de los derechos humanos, y pensar que algo como el tratamiento Ludovico existía, lo enervaba. Pero cuando descubrió que su protegido era quien lo había golpeado, enloqueció y lo encerró en una azotea, con parlantes bajo el piso y ninguna puerta, solo una ventana. Los parlantes comenzaron a sonar, a todo volumen. Era la Novena. Alex terminó arrojándose por la ventana y estrellándose contra el piso.

El hombre fue encarcelado, y Alex fue llevado a un hospital donde se le revirtió el proceso y se le ofreció ayuda del gobierno y dinero, para que nada de esto saliera a la luz. Finalmente Alex volvió a ser quien era, un desenfrenado. Pero aquí no termina la historia.

El Capítulo 21

En Los Estados Unidos se vendió una versión censurada del libro, el último capítulo no se conoció allí hasta muchos años después. Incluso, la excelentísima versión cinematográfica del genio Stanley Kubrick protagonizada por Malcolm McDowel estrenada en 1971, está incompleta. Esto lo llevó a tener problemas legales con Burgess.
En el censurado capítulo 21 vemos a un Alex dos años mayor, con un nuevo grupo de amigos, pandilleros, pero ya no es parte de ellos, ya no se divierte con la violencia, creció. Y se encuentra con uno de sus viejos “drugos” que se está por casar y trabaja. Allí Alex se ve a si mismo y se da cuenta que debe cambiar.
Este capítulo es Crucial. Porque esta novela lo que transmite es que solo nosotros podemos cambiarnos a nosotros mismos. Que la represión, la iglesia, el gobierno solo nos pueden convertir en una máquina, un hombre mecánico.
El título de la novela proviene de una frase londinense bastante común que dice “As queer as a clockwork orange” que en español significa “Tan extraño como una naranja mecánica”. Pero no es casualidad que Ourang, en malayo (lengua que Burgess hablaba) significa Persona.

Comentarios (0)

Se el primero en comentar.

Queremos saber tu opinión

Patrocinio
Publicidad
>
Publicidad
© Copyright 2012, SmallSquid S.L. está gestionado con WordPress