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Cine Fantástico

Los Inmortales, sólo puede quedar uno…

Highlander, Los Inmortales
Lord Reinberg
07:00h Viernes, 15 de agosto de 2008
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Todo en el mundo es Finito. Todo tiene un final, no es eterna la vida. El hombre nunca llegará a ver más allá de sí mismo, porque tiene una existencia tan corta que jamás podrá terminar de conocer nada. Somos tan ínfimos, en comparación con el infinito universo. Esta es una de las angustias del hombre desde tiempos inmemorables. Desde que existe la palabra, desde que existen las historias, el hombre quiso encontrar la fuente de la inmortalidad. Para no sufrir del sino aciago de todos los seres vivos, y poder sobrevivir a las generaciones y tener al menos un pantallazo de la verdad universal.
La mitología y la literatura durante miles de años buscaron la respuesta a esta pregunta universal. La Inmortalidad, de Milan Kundera. El Inmortal, el cuento de Jorge Luis Borges. Son incontables los casos, pero hay algo en que todos los artistas se pusieron de acuerdo: la inmortalidad no es algo bueno, no es la respuesta a nada y no nos liberaría de ninguna angustia, solo crearía angustias nuevas.

Highlander es una de las obras que más éxito tuvo en los 80’s y 90’s, cuenta con tres películas, y hubo una serie de televisión con actores y otra de dibujos animados.

La primera película se llamó, efectivamente, Highlander (en España: Los inmortales), cuenta la historia de Connor McLeod, un guerrero escocés nacido en 1518 en un pueblito llamado Glenfinnan. Era uno de los guerreros más fuertes y jóvenes del clan McLeod, con solo 18 años partió a la guerra contra otro clan. Se batió en combate contra el clan Fraser. Pero lo que nadie sabía, de ninguno de los dos lados, era que entre las filas del clan Fraser se encontraba el Kurgan, un solitario guerrero estepario ruso. Monstruosamente enorme, el Kurgan blandía una enorme espada con la que atravesó el pecho de Connor. Se disponía a cortar la cabeza del herido, cuando el clan McLeod lo avasalló y lo arrastraron junto con los Fraser bien lejos del campo de batalla. Glenfinnan no festejó la victoria, ya que su joven y querido guerrero estaba mortalmente herido, nadie en el mundo hubiera sobrevivido a semejante ataque, la espada lo había atravesado de lado a lado. Pero unos pocos días después Connor se levantó de la cama y camino por el pueblo como si nada hubiera pasado.



Todo el clan lo repelió entonces, creyéndolo un ser diabólico, que había pactado con Satanás o que se reunía con brujas. La turba se disponía a quemarlo en la hoguera, pero Angus, el primo de Connor, lo salvo de esto, proponiendo solo desterrarlo del pueblo.
El héroe peregrinó durante un tiempo hasta establecerse en un viejo molino, donde vivió junto a su esposa Heather McDonald y comenzó a ganarse la vida como herrero. Eran sus días felices.

Un buen día Connor fue localizado por un hombre español que le explicaría muchas cosas nuevas para él. Se llamaba Juan Sánchez Villalobos Ramírez. El español le contó a McLeod que hace millones de años se dictaron las reglas de un juego, en el que participarían unos seres superiores por todas partes del mundo. Él era uno de esos seres, un inmortal. En cualquier lugar y en cualquier parte del mundo uno de los inmortales podía nacer en un vientre humano. Los inmortales tienen un sexto sentido, son capaces de detectar un tipo de energía quinética, que es expelida por otros inmortales, llamada Quickening. Cuando un inmortal asesina a otro, cortándole la cabeza, absorbe su quickening, haciéndose más poderoso. El antiguo juego era una competencia inmortal: Solo puede haber Uno. El Último de los inmortales, el ganador, tendría el premio. El Premio es algo que ninguno de los inmortales sabe fehacientemente qué es. Aunque puede tener que ver con el control sobre la mente del hombre.
Ramírez es un inmortal, al igual que McLeod, igual que el Kurgan. Ramírez entonces, en lugar de cortar la cabeza de Connor, se hace su amigo, y lo ayuda a entrenar, probablemente porque siente que su quickening es muy poderoso y que es capaz de derrotarlos a todos. Quizás porque ya sabe que Connor es la única posibilidad para que el Kurgan no sea el último, dándole el premio y mandando al mundo a un nefasto final.
Ramírez le aconsejó a McLeod que dejase a su esposa Heather, porque enfrentarse a la muerte de la persona amada es lo peor que le puede ocurrir a cualquier persona, y ellos como inmortales siempre van a tener que ver morir a sus seres amados. Ramírez lo sabía muy bien, ya que había tenido que soportar la muerte de su esposa Shakiko, la hija de un herrero japonés que fabricaba espadas hacía más de mil años.

El Kurgan los encontró por fin y tomó la vida de Ramírez, a pesar de que éste, con su katana le cortó la mitad del cuello, y casi lo mata. Luego el ruso violó a Heather, dato que McLeod no se enteraría hasta el presente.
Connor estuvo con su esposa hasta el día de su muerte. Clavó en su tumba la espada del clan, e incendió su hogar, poniéndole un final simbólico a su vida anterior. Desde ese día se dedicó a ir por el mundo buscando otros inmortales, y asesinándolos en algunos caso y haciéndose amigo en otros casos. Pero con la certeza de que en el final, tendría que enfrentarse nuevamente con el Kurgan. Porque solo puede quedar uno.
En Nueva York, en un estacionamiento de autos encontraron un cuerpo decapitado junto con una espada muy antigua. El millonario Russel Nash fue encontrado cerca de la zona del crimen, y se lo tomó como un sospechoso. Nash es coleccionista de antigüedades, espadas, armaduras, muebles, de todo. Todo lo que posee tiene una historia previa. Como ya se habrán dado cuenta, no es otro que McLeod.

Es el año 1984, y McLeod se encuentra con Kastagir, su amigo, un inmortal muy antiguo, allí en Nueva York, y saben que el Kurgan también está llegando. Saben que es el final. Y se preparan para enfrentarlo. Kurgan destruye a Kastagir y se reúne con McLeod en una iglesia (tienen prohibido pelear en suelo consagrado) y le cuenta que violó una y otra vez a su mujer, aunque creía que era la esposa de Ramírez.

Kurgan rapta entonces a la forense que investiga el caso, de quién McLeod está enamorado, y entonces lo obliga a ir en su búsqueda, para la batalla final. Entre destellos de quickening en forma de relámpagos y el ruido del acero, finalmente la espada del escocés corta el cuello del ruso. McLeod es el último inmortal. Y por fin recibe su premio final. Su tan deseada mortalidad. Y parte hacia Escocia con su nueva novia, a vivir una corta pero gratificante vida humana.

En 1986 se estrenó Highlander, dirigida por Russell Mulcahy. Con Christopher Lambert en el papel de Connor McLeod, Sean Connery como Ramírez, Clancy Brown como el Kurgan y Roxanne Hart como Brenda Wyatt, la forense.

Comentarios (1)

  • Darkness
    02:27 30 octubre 2008

    De las mejores películas que he visto nunca. Irrepetible y unica.

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