
El puente de Triana al anochecer es una bella imagen de Sevilla
En la película Nadie conoce a Nadie, el personaje protagonizado por Eduardo Noriega se ve envuelto en una trama intrincada bajo la apariencia de un juego de rol y en el que habrá una series de atentados en Sevilla durante la Semana Santa. De esta obra destacó por dos aspectos. Por una parte, la apuesta por una intriga otorgándole a los juegos de rol una gran parte del protagonismo, aunque siguieron limitándose a los aspectos más oscuros de esta práctica tan envolvente. Por otra parte, la propia ciudad hispalense adquiere un papel principal en la trama. Fue uno de los escasos escarceos fílmicos de esta bellísima ciudad, que estando o no en Semana santa se merece una visita para dejarse seducir por sus múltiples encantos.
Aprovecha este verano y toma uno de los vuelos a Sevilla, no te la puedes perder. Sevilla siempre ha sido la joya de una de las comunidades autónomas más visitadas, Andalucía. Y lo es no únicamente por ser la capital, sino por tener tesoros que merece la pena descubrir. Además, la Exposición Universal que se celebró en esta ciudad en el 1992, dio el impulso que necesitaba a una ciudad que desde entonces ha seguido creciendo y modernizándose, pero sin dejar nunca ese “color especial”, con permiso de Los del río.
La Giralda, se impone majestuosa en el cielo siempre azul de la ciudad. La famosa Giralda es una de las joyas de arquitectura barroca que podemos encontrar en España. Mientras tanto, la Catedral de la Santa María de la Sede es la catedral católica más grande del mundo, y el tercer templo más grande tras la Basílica de San Pedro del Vaticano en Roma y San Pablo en Londres.
Estos son sólo algunos de los puntos más representativos de la ciudad, pero además hay muchos otros lugares con encanto e historia, como el barrio de Triana, cuna de los mayores artistas andaluces.
Porque ese es el principal rasgo identificativo de Sevilla. El arte y alegría que parece correr por la sangre de sus gentes. Una sonrisa amable siempre presente y con la buena voluntad de responder a cualquier duda que ese visitante tenga. La ciudad hispalense tiene aquel encanto de las ciudades antiguas, y el embrujo de una ciudad con vida, con música, con jolgorio. Sevilla sigue oliendo a azahar. Ese encanto que nunca se podrá imitar, ya que forma parte de la carga genética de una zona que siempre ha sabido sacarle el lado buena de la vida: el de la alegría de vivir.
Fotografía: Juan A. Canales