Después de 7 años desde el estreno de su gran película d ciencia ficción, James Cameron vuelve a la pantalla grande rodeado de máquinas. En 1991 se estrenó un film que marco a toda una generación. Terminator 2: El Juicio Final.
En 1984 se había realizado Terminator, un film que pasó por encima a todas las expectativas que flotaban a su alrededor. Tuvo un éxito atronador y se llegó a un film alucinante, cuando se le había otorgado un presupuesto de clase B.
Siguiendo la historia que se nos cuenta en el primer film, en el año 1997 estalló una guerra a nivel mundial, solo que esta vez, por primera vez, no era una guerra entre dos gobiernos, o dos bloques de países. Sino que la guerra se dio entre el hombre y la máquina. Muchos años después, cuando la raza humana estaba casi extinta, hubo un hombre que organizó a los hombres y lideró la resistencia, ese hombre se llamaba John Connor.
Pero las máquinas lograron inventar una máquina del tiempo, y enviaron un T-800, un exterminador con esqueleto robótico pero exterior humano (Arnold Schwarzenegger) al año 1984 para asesinar a Sarah Connor, la madre del líder de la resistencia futura. Pero John Connor envió a su mejor soldado al pasado para defender a su madre, y terminó convirtiéndose éste hombre en el padre de John. El T-800 fue destruido en un incendio en una fábrica.
En Terminator 2 seremos testigos de la historia de un adolescente John Connor y de un nuevo atentado contra su vida, venido desde el futuro. Pero esta vez tendrá un inesperado protector…
El film comienza, al igual que su predecesor, con dos tormentas de rayos, pero que se dan a pocos metros del suelo. En una de esas tormentas, cayó en el suelo, como venido de otra dimensión, un T-800, desnudo. Se acercó a un bar y robó las ropas de un motociclista, para luego salir y robarse su moto y sus armas. Y al igual que en el primer film, se dedicó a buscar incansablemente su objetivo, en este caso John Connor. Pero este T-800 no estaba en los 90’s para matar a John, todo lo contrario. En el futuro, la resistencia logró capturar uno de estos cyborgs y lo reprogramaron absolutamente, su propósito es proteger a John y hacer todo lo que éste le ordene. Pero un T-800 es poca cosa… ya es un modelo viejo para lo que va a pasar en este film.
Las máquinas enviaron al pasado un T-1000, un androide mucho más avanzado. Todos sus circuitos y engranajes fueron reemplazados por un material mucho más complejo. No cuenta con un endoesqueleto, ni un chip de memoria. No tiene una computadora central. Toda la información recorre cada centímetro de su ser, en impulsos eléctricos. Todo su cuerpo está hecho de un metal líquido, que puede mantener la forma que quiera durante el tiempo que quiera. El metal del que está hecho, es llamado Aleación Mimética, porque es capaz de imitar cualquier objeto o persona.

En todos los años que pasaron, Sarah y John fueron separados por las autoridades. Durante mucho tiempo Sarah Connor vivió en países de América Central, aprendiendo a ser una líder militar, rodeándose de guerrilleros y anarquistas. Todo lo hizo para poder, con el tiempo transmitirle ese conocimiento a John, quien es el único capaz de salvar a la humanidad.
Pero todo esto le generó problemas con la ley. Fue capturada por unos cargos muy viejos, estaba acusada de volar una fábrica de computadoras. Cuando explicó lo ocurrido nadie le creyó. Explicó que un robot que parece humano vino del futuro a matarla cuando estaba embarazada de John. Y que la explosión de la fábrica había sido el final del maléfico robot. Obviamente, la tomaron por loca y la encerraron en un psiquiátrico, alejándola de su hijo, que fue adoptado por una pareja amiga.
John reconoció de inmediato al T-800 cuando lo vio, a pesar de nunca haberlo visto antes. Pero era tal cual lo imaginó en los relatos de su madre. Corrió hasta que las piernas se le caían pero fue atrapado por el robot, justo a tiempo para salvar al niño de un policía con cara de malos amigos (Robert Patrick), que en realidad era el temible T-1000.
El joven comprendió que el T-800 no venía a lastimarlo esta vez. El androide le explicó de su futuro, de quién llegaría a ser John Connor y de Skynet la empresa que se pasó de la raya con la creación de robots, que traerían el hundimiento de la civilización. John, que es un joven bastante inteligente y atrevido, comenzó a hacerse amigo del robot y a aprender a quererlo. Le enseñó muchas cosas y lo obligó a no matar.
Le enseñó a ser más humano. A no hablar como una máquina, a decir si, no, en lugar de afirmativo y negativo. Le enseñó a decir algunas palabras en español para ser más cool, y parecer más relajado y no tan robótico. Cuando tenga que dispararle a alguien debe decir “Hasta la vista Baby”. Esta frase se volvió una especie de tarjeta de presentación del actor, al igual que “Volveré” en la primera parte de esta saga.
Así, juntos, el T-800 y John Connor irrumpieron en el psiquiátrico y ayudaron a escapar a Sarah, que al ver al ver al enorme robot se desequilibró totalmente. Su hijo logró calmarla y finalmente se fueron, con e T-1000 pegado a sus talones.

Se refugiaron en casa de unos amigos mexicanos guerrilleros, que hace años que les ocultaban armas en un cobertizo escondido bajo tierra a Sarah y a varios anarquistas. Allí Sarah le saca toda la información posible al T-800 y descubre que ya ahora en esta época Skynet está investigando la Inteligencia Artificial y que tienen un chip cerebral y un brazo de T-800, creados a partir del robot encontrado en la fábrica de computadoras en 1984.
El responsable del proyecto es el Dr. Miles Bennett Dyson. Sarah absolutamente enloquecida se marchó sola y armada y reventó a tiros la casa del doctor, dejándole el brazo herido. Por suerte John y el T-800 llegaron a tiempo para detenerla. Le explicaron al científico todo lo que sabían, y como prueba, el exterminador tomó un cuchillo y se cortó toda la corteza humana del brazo y les mostró el esqueleto metálico.
Convencido, Bennett los guió y robaron el brazo y el chip, no sin una escena violenta y terrible, llena de explosiones y tiros. Finalmente el T-1000 los siguió y terminaron acorralados en una fábrica con un tanque de ácido hirviendo y fugas por todos lados.
La única manera de terminar con estos robots era el ácido, así que luego de hundir al T-1000 en el tanque. El T-800 se paro ante John y le dijo que era hora de partir. Arrojó el brazo y el chip de Skynet. Pero el también debía ser destruido, para que no pasara lo que n 1984. Y así, a pesar de las lágrimas de John, el T-800 se hundió en el ácido con el puño en alto y alzando el pulgar para su joven amigo.